HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

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HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

   

        El mundo del deporte no se queda al margen del día a día que vivimos. Palabras como fraude, dopaje, trampa, engaño, estafa, fingimiento, conspiración, chanchullo y muchas otras, pueden oírse con asiduidad en conversaciones y en los medios de comunicación.

        Hoy voy a comentar dos casos muy sonados de deportistas que quisieron alcanzar ‘la gloria’ sin esfuerzo o con menos esfuerzo que sus contrincantes.

        El ucraniano Boris Onischenko, oficial del ejército soviético, compitió desde 1967 a 1974 en seis Campeonatos Mundiales de Pentatlón moderno, ganando el oro cuatro veces con el equipo soviético y una a nivel individual. A esto habría que sumar una medalla de plata en los JJOO de Mexico 1968 y oro en los Juegos Olímpicos de 1972 con su equipo, ganando a su vez una medalla de plata en individual.

        Como se puede ver, Onischenko era uno de los deportistas más laureados y respetados en esta disciplina que engloba tiro con pistola, esgrima, natación, carrera campo a través y equitación (salto de obstáculos).

        El segundo día de competición se disputaba la esgrima, donde destacaba nuestro personaje y venció a los dos primeros rivales ingleses, pero algo raro pasaba. En el tercer combate, contra el capitán del equipo británico Jim Fox, un punto fue concedido a Onischenko, sin que el arma rozara a su adversario, es más, la espada estaba lejos de Fox cuando se contabilizó el tocado. La delegación británica solicitó la revisión por si existía algún fallo técnico algo que no era muy normal en competiciones de este tipo, pero…

        Los jueces revisaron la espada de Onischenko descubriendo que había sido modificada, por supuesto ilegalmente, con un mecanismo electrónico que permitía registrar un toque sin llegar a hacer contacto con el adversario. Boris fue expulsado de la competición obligando a la Unión Soviética a retirarse del evento. El equipo británico ganó la medalla de oro.

        A Onischenko se le prohibió competir a perpetuidad y acabó trabajando como taxista en Kiev.

       Rosie Ruiz, cubana de nacimiento (1953), emigró a los ocho años a Memphis y allí vivió con sus tíos, alejándose de la tutela de su madre. En la década de los 70 se muda a Nueva York. En 1979 participa en el Maratón ciudad de Nueva York, solicitud que llega después de la fecha límite para la carrera, pero permitiéndola participar gracias a una dispensa especial debido a que ella afirmaba que se estaba muriendo de cáncer cerebral. En 1980 salta a la fama después de ganar el Maratón de Boston, con la tercera mejor marca femenina de la historia: 2 h 31 m 56 s y a su llegada a la meta afirma a la prensa “me he levantado con mucha energía esta mañana”.

        Ocho días después la despojaron de su título. Dos jóvenes dieron fe de haberla visto a 1,6 km. de la llegada saliendo del público para incorporarse al recorrido. Otros observadores de la prueba decían que era imposible recorrer más de 42 km. y llegar a la meta casi sin sudar y sin jadear. Por otro lado, no había ningún documento gráfico, ninguna televisión y ningún fotógrafo tenía pruebas de ella durante la competición.

        Tras investigar a esta ‘estafadora’, se supo a través de la declaración de la fotógrafa Susan Morrow, que Rosie Ruiz había coincidido con ella en el metro de Nueva York y había visto como la supuesta atleta se reinsertaba en la prueba faltando pocos metros para el final de la misma, aprovechando el jaleo y la euforia de los espectadores en dicho Maratón de Nueva York. Como vemos, no tuvo suficiente con intentar engañar una sola vez y lo hizo una segunda, que nosotros sepamos…

        Rosie Ruiz falleció en 2019, después de luchar durante una década contra un cáncer.

 

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