VITAS GERULAITIS

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VITAS GERULAITIS

     

        Vitas Gerulaitis no fue simplemente un tenista de primer nivel en las décadas de los 70 y 80, también fue un tipo particular que tuvo las mismas genialidades tanto dentro como fuera de la cancha.

            Hijo de padres lituanos, pero nacido en Brooklyn en julio de 1954, llegó a ser número 3 del ranking ATP, levantó el trofeo de campeón en el Open de Australia (1977) y se quedó a las puertas de hacer lo mismo en Roland Garros (1980) y el Open USA (1979).

           Fue conocido por su rubia cabellera, su caballerosidad, su magnífico y veloz juego en la red, y por ser uno de los talentos más desperdiciados de todos los tiempos. Además de todas estas cualidades, dejó para la posteridad una de las anécdotas más brillantes de la historia del deporte.

       Transcurría enero de 1980 y Gerulaitis jugaba las semifinales del Open USA contra Jimmy Connors, con el cual había perdido en las últimas 16 ocasiones. Aquel día fue distinto y Vitas se impuso por un claro 7-5 y 6-2. Cuando entró en la rueda de prensa posterior al partido, dijo una frase que será recordada para siempre: “que esto sea una lección para todo el mundo, nadie gana 17 veces seguidas a Vitas Gerulaitis”.  Únicamente un genio puede tener semejante ocurrencia.

         Como entrenador profesional de baloncesto he recurrido en tres ocasiones a esta anécdota, y lo he hecho siempre que nos enfrentábamos a un rival muy superior y al que el club al que yo entrenaba no había ganado nunca o contra el que había perdido repetidamente en las últimas temporadas.

         Me motiva el hecho de restar importancia a ese momento previo al partido, en el que todos los jugadores están en tensión y donde la misión se antoja casi imposible. La anécdota siempre termina con una carcajada generalizada y la creencia de que ganar es una opción.

           La primera ocasión fue en la temporada 14-15 cuando entrenaba en Portugal. Dirigía a Ovarense, probablemente el club con mayor tradición del país pero en aquella época venido a menos. Jugábamos contra Benfica en Lisboa y en las 10 últimas ocasiones ni tan siquiera se estuvo cerca de lograr la victoria. En aquella ocasión tampoco lo logramos, aunque existieron opciones hasta el final. Seguramente aquella anécdota tuvo su efecto en el subconsciente para posteriores ocasiones, puesto que vencimos a Benfica varias veces en esa temporada y la siguiente.

           La segunda vez fue el año pasado en Polonia, ejercía como ayudante de Zan Tabak, pero el fallecimiento de su madre me obligó a hacerme cargo del equipo en dos partidos de la VTB, el segundo de ellos nos enfrentó al CSKA, contra el que siempre se había perdido por una diferencia superior a los 20 puntos. Aquella noche del 1 de febrero tuvimos la ocasión de firmar una de las victorias más gloriosas de la historia del baloncesto polaco, cuando Kris Richard anotó un triple en el último segundo que nos dio la victoria.

            La última fue hace un par de días contra el F.C. Barcelona en mi debut como primer entrenador en ACB. Peleamos como jabatos y por un instante pensamos que tendríamos esa oportunidad en la parte final de partido, pero la gasolina no dio para más y el castigo terminó siendo más severo de lo que dijo nuestro juego y esfuerzo.

            Gerulaitis falleció de manera trágica cuando apenas tenía 40 años. Una avería en la calefacción de la casa de un amigo provocó una acumulación de monóxido de carbono en la habitación en la que dormía.

           Dejó golpes que serán recordados para siempre, y a mí me proporcionó una anécdota a la que espero sacarle mucho más provecho.

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